¿El perfeccionismo está destruyendo tu felicidad?
«Nadie es perfecto». Osgood Fielding III de Some Like It Hot
«La práctica hace al maestro». Benjamin Franklin
«Dicen que nadie es perfecto. Luego te dicen que la práctica hace al maestro. Ojalá se decidieran». Wilt Chamberlain
Ah, el escurridizo concepto de la perfección. A todos nos encantaría conocer a la persona perfecta para nosotros. Vivir en un mundo perfecto. Jugar una partida de golf perfecta.
Es más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto. La búsqueda de la perfección puede parecer controladora, idealista, obsesiva, irracional, compulsiva, táctica, estratégica, agresiva, rígida, despreocupada, mandona, quisquillosa, exigente, procrastinadora, altiva, autocompasiva, propensa a pensar demasiado, a reaccionar de forma exagerada, adicta al trabajo, a la microgestión, susceptible, purista, discutidora, quejumbrosa... y más.
A menudo me he referido a mí misma como una perfeccionista en recuperación.
Como quieras expresarlo, el perfeccionismo puede destruir rápidamente tu felicidad, tanto si intentas aplicarte rímel como si escribes una tesis. Hay tantas formas insidiosas en que el perfeccionismo puede infiltrarse en nuestra vida que corremos el riesgo de sabotear lo que podría haber sido una experiencia completamente distinta, si no prestamos atención y lo mantenemos activamente a raya.
¿Qué personalidades son propensas al perfeccionismo?
Cualquiera puede adoptar conductas perfeccionistas, pero algunas personalidades son más propensas a ello, en particular los introvertidos.
Los tipos más perfeccionistas son las personalidades INTJ e INFJ . Los NJ tienen estándares altos y, como Intuitivos Introvertidos (dominantes Ni), perseguirán cotas imposibles de perfección. Creen en estar a la altura del propio potencial y piensan constantemente en maneras de mejorar la tarea en cuestión. Son sensibles a la idea de decepcionar a los demás, no solo a sí mismos.
Las personalidades INTP e INFP disfrutan del proceso de crear y, como perfeccionistas, corren el riesgo de no terminar nunca. Cuando exploras y revisas constantemente, ¿cómo sabes cuándo algo está terminado? Un INP puede ser indeciso respecto a la meta final, perseguir apasionadamente la excelencia en lo que más le importa y negarse a mostrar algo que no cumpla con sus estándares personales.
Las personalidades ISTJ e ISFJ son precisas. Para los SJ, las cosas son correctas o no lo son. Hay una «forma correcta» de hacer las cosas y se sienten obligados por su honor a lograrla. No son indulgentes consigo mismos ante nada que no sea la excelencia, anhelan profundamente el respeto de los demás y necesitan proyectar una imagen competente. Aunque están decididos a lograr sus objetivos, elegirán la eficiencia antes que la perfección si es necesario.
El perfeccionismo: el ladrón de la felicidad
Identificar los síntomas del perfeccionismo es más fácil desde fuera. No todo el mundo se da cuenta de cuándo el perfeccionismo ha tomado el control, pero hay señales.
A veces, una persona perfeccionista no tiene idea de por qué siempre está agotada o de mal humor. Culpa al horario, a los niños, al jefe o al clima. No entiende por qué la pasan por alto para el ascenso por el que tanto trabajó ni por qué nunca logra encontrar el amor verdadero.
Las señales más evidentes podrían incluir tener nueve buenas reseñas, pero obsesionarse con la décima, y única, mala. Sacar sobresalientes en una clase y desmoronarse por un notable. Trabajar mucho después de que cierre la oficina para crear una presentación «digna» de llevar tu nombre al final. Te niegas a delegar porque nadie puede hacerlo mejor que tú. Te niegas a terminar porque todavía no es lo suficientemente bueno.
Te niegas a hacerlo desde el principio si no puede hacerse bien.
Las conductas perfeccionistas pueden llegar a ser demasiado costosas para que una empresa las tolere. Fruncir el ceño constantemente ante los defectos, ya sean propios o ajenos, puede hacerte perder incluso a la amistad mejor intencionada.
Ansiedad. Depresión. Menos sueño, más cafeína. Nos resulta inconcebible que los demás vean nuestros errores, así que redoblamos los esfuerzos. Simplemente nos aseguramos de no tener ninguno.
Pagas el precio del perfeccionismo con tu salud y tu felicidad. Este enfoque de todo o nada significa que cualquier cosa que no sea perfecta equivale al fracaso. Si no se detecta y detiene, el estrés creciente puede costarte relaciones, carreras profesionales e incluso la vida.
El perfeccionismo poco saludable consiste en huir de tus propios miedos: te hace infeliz. En cambio, el logro saludable es la búsqueda de algo: te hace feliz. ¿Puedes cambiar tu enfoque?
Para florecer y hacer realidad nuestro potencial positivo, abandonar el perfeccionismo es un enorme paso adelante. La buena noticia es que podemos replantear activamente nuestras tendencias perfeccionistas y devolver una felicidad sana y serena a nuestra vida.
Consejos para encontrar el equilibrio adecuado:
1. Conciencia
Puede ser difícil identificar el perfeccionismo a menos que preguntes directamente: «¿Esto tiene que ser perfecto?». Cuestiona cualquier respuesta que no sea «no». Conecta con la razón por la que crees que debe serlo; después, aléjate un poco, haz una pausa y busca perspectiva. La percepción no siempre es la realidad. Visualizar la tarea en relación con el panorama general ayudará. Podemos ser muy duros con nosotros mismos. Si tu amigo estuviera en tu lugar, ¿le exigirías perfección?
2. Responsabilidad
Pídele a alguien ajeno a la situación inmediata una observación que te ayude a poner los pies en la tierra. Si un compañero de trabajo ha intentado llamar suavemente tu atención sobre ello... escucha. ¿Tu esfuerzo es excesivo o insuficiente para alcanzar tu objetivo? Si has cumplido tu objetivo, has terminado. Aléjate. Si tu esfuerzo es extra, establece una meta final y decide terminar entonces, pase lo que pase. Si es insuficiente, reconoce la procrastinación y da un pequeño paso cada vez hasta llegar allí.
3. Autenticidad
Aprende a obtener validación desde dentro y deja de compararte con los demás. Las relaciones se basan en la autenticidad y la vulnerabilidad. Acepta tus defectos como una parte real de ti y aprende a reírte del desastre que a veces puedes ser. Incluye lo desordenado como parte de tu persona «ideal». Reconoce tus errores en lugar de castigarte por ellos. Valorar tu verdadero yo le quita fuerza a la crítica y te permite seguir adelante.
4. Aceptación
¿Realmente tienes control sobre el resultado? A veces, en la vida convivimos con objetivos incumplidos. Si el perfeccionismo es tu manera de intentar moldear el mundo según tu propio punto de vista, simplemente no va a funcionar. Si debes mantener una cocina impecable, acepta que lo haces por ti y por nadie más. Te hace feliz, así que hazlo con alegría o modifica tu versión de lo que te hace feliz. Lo único que controlamos en la vida es nuestra actitud.
5. Acción
¡La práctica hace... lo suficientemente bien! Los estándares no son logros. Confundir ambas cosas destruirá tu felicidad. Amplía tu zona de confort respecto a los logros. Descubre qué ocurre si llegas cinco minutos tarde o entregas el informe más mediocre del mundo. Comprueba de primera mano que puedes fracasar y recuperarte. El mundo sigue girando. El camino hacia la felicidad consciente consiste en tener la serenidad para aceptar las cosas que no puedes cambiar, el valor para cambiar las que sí puedes y la sabiduría para reconocer la diferencia (Reinhold Niebuhr).
«Progreso, no perfección». Alcohólicos Anónimos
«Errar es humano». Alexander Pope
«No temas a la perfección: nunca la alcanzarás». Salvador Dalí
Jolie Tunnell es autora, escritora freelance y bloguera, con experiencia en administración y educación. Mientras cría junto a su esposo a un variado grupo de hijos, comparte sabiduría ganada con esfuerzo, con humor, compasión y perspicacia. Jolie es una ISTJ y vive en San Diego, California, donde escribe novelas de misterio histórico. Visítala en jolietunnell.com